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La novia del guerrero (8)

Tito, Raquel y Liliana no llegaban a decidir si soportaban mejor el frío parados o sentados. —El cemento de la tribuna me enfría el culo— berreaba Tito mientras daba saltitos. —Si, pero parada me lleva el viento— contestó Raquel  acurrucada. Liliana, agazapada detrás de un árbol opinó: —Cuando sea presidente voy  a prohibir los torneos por insalubres. —¿Y a vos quién te dijo que podés llegar a presidente?— contestó Raquel mientras jugaba con el encendedor de Tito. —La “Pito Gordo”. ¿O acaso no la oyen cuando nos caga a pedos y dice eso de “espero más de los alumnos del colegio donde se forma la futura elit dirigente” —Élite— corrigió Tito. —¿Qué? —Se dice élite, no elit . —Andá a la mierda. Tito estaba a punto de contestarle a Liliana cuando desde la cancha, un tremendo pelotazo le acertó en el medio del pecho. Raquel y Liliana quedaron tan azoradas que no atinaron a hacer nada. Mientras miraban a Tito desparramado en la tribuna, la voz de Koster las sacó del asomb...

La novia del guerrero (7)

—Por fin te encuentro nena, ¿nunca atendés el teléfono? —Perdón, ¿quién habla? —No te hagás la bobita, Nerea Liliana, que me conocés de hace casi cuarenta años. Sara Raquel Sterenfeld Malamud, felizmente divorciada de Hirschfield al habla. —¡Ah! Hola Raquel, ¿Cómo andás? —Esplendida, querida, como siempre. Que ya lo dijo Hamlet, si los viejos pudiéramos caminar hacia atrás como los cangrejos seríamos cada vez más jóvenes. —Mirá vos. —¡Ah bueno! ¡Que bien que le sientan a tu humor las tardecitas cordobesas! —Raquel, no todas tenemos tanto tiempo libre como vos. —Claro, mi imagino que entre removerte las cutículas y clasificar las pelusas del pupo tenés para toda la tarde. —¿Qué querés Raquel? —¡Pero qué humor de mierda que tenés! Al final no se para que me esfuerzo. Mejor le decimos a la periodista que no te pudimos ubicar. —Pará, ¿de qué estás hablando? —Nena, te dejé el mensaje. Y no me vengas con la historia de la otra vez de que se le había acabado la cinta al contestado...

La novia del guerrero (6)

Desde la semana anterior a su cumpleaños, Liliana había empezado a tener indicios de lo que le preparaban: algunas conversaciones entrecortadas entre sus padres,  las repetidas advertencias de que evitara entrar al garage (por una supuesta falla eléctrica peligrosísima) y sobre todo, por la boleta de "Vértice Musical" que alcanzó a atisbar, asomando del portafolio de su padre. Con toda esa información supuso que le habían comprado un tocadiscos portátil, y así lo comentó con sus amigos en la escuela. Cuando llegó el día indicado, la despertó un ruido de madera chocando, y el extenso rosario de insultos que desgranaba su papá. Se quedó un momento más en la cama afinando el oído para escuchar como movían muebles. El corazón le saltó en el pecho. ¿Era posible? No se animaba siquiera a decirse a ella misma lo que suponía. Se bajó de la cama y buscó las pantuflas, porque sabía que, aunque fuera su cumpleaños, su madre iba a recibirla a los gritos si iba a desayunar descalza. Sali...

La novia del guerrero (5)

Liliana estaba incómoda. No le gustaba el olor del tabaco en la gente. Mucho menos en las personas que tenían que juzgar su desempeño. Llevaba media hora escuchando vaguedades sobre pedagogía, acompañadas de pequeños sonidos como "hmmm", "ajá" y la carraspera nerviosa que la inspectora hacía a intervalos de unos cinco minutos. Estaba atenta para ver por donde venía el sablazo porque ya había estado en esa situación. Cada vez que le comentaba a sus amigos que se sentía perseguida por el Ministerio, la Susy, con toda su paciencia evangélica, le contaba la historia de Job, rematándola siempre de la misma manera: —Lili, no somos más que polvo y cenizas. —Un buén polvo es lo que necesitás que te echen.— pensaba Liliana, pero no se lo decía. —...y entenderá que si no rectifica su conducta nos veremos obligados a tomar medidas administrativas. La voz de la mujer cortó de cuajo los desvaríos de Liliana. Sintió como si una flecha le atravesara la cabeza. —¿Qué dice? —L...

La novia del guerrero (4)

Raúl Koster llevaba el pelo rubio cortado al estilo militar. No era dado a la conversación. Con los adultos hablaba solamente si primero se habían dirigido a él, y con sus pares seguía unas pocas reglas sencillas: si los consideraba personas muy capaces, los escuchaba atentamente, si estaban a su misma altura, era llano y franco, y si estaban por debajo de él, no perdía el tiempo en prestarles atención. Apenas conoció a Liliana, en el curso de preparación para el examen de ingreso de la escuela, la colocó en éste último grupo. No fue desagradable ni agresivo, solamente actuaba como si la chica no existiera. Liliana toleraba mal la falta de atención, Estaba acostumbrada a los aplausos que durante años le habían prodigado en los actos escolares y era la alumna más destacada en la academia de declamación. Primero consideró que Raúl era raro; después, que era una molestia; y finalmente, el enemigo. La declaración de guerra total se produjo cuando el primer día de clases de la secundaria s...

La novia del Guerrero (3)

Liliana había salido de la escuela a las dos de la tarde, después de tres cursos mediocres, entre los cuales tenía medía hora de descanso que perdió en discutir con la preceptora de primer año. Luego remató la seguidilla de malos ratos  con un ensayo lamentable del coro de egresados. Además, tenía que llegar antes de las dos y media al centro, porque Raquel le había insistido en lo importante que era contar con su presencia para una reunión. Llegó quince minutos tarde, pensando que la idea de juntarse a esa hora en pleno centro, sólo podía haber salido de la cabeza de un imbécil. Cuando reconoció la pelada grasosa de Moncho en una de las mesas, confirmó su sospecha. Estaba por dar media vuelta y salir del bar cuando sintió detrás suyo la voz de Raquel: —¡Llegaste! No te vi entrar. Había salido a la vereda para ver si venías. —¿Por qué no me dijiste que venía el pelotudo de Moncho? —¿Qué te pasa? ¿No somos todos amigos? —¿A vos te pasa que los amigos te manden fotos de pijas po...

La novia del guerrero (2)

Raquel y la Susy le decían "la novia del guerrero". Ella jugaba a hacerse la ofendida. Todas sabían que no le molestaba, porque a todas les gustaba el Renguito.  Por las mañanas,  mientras se demoraban para fumar antes de entrar a la escuela, la Susy la cargoseaba, mientras Raquel encendía una ronda de sus "43 70". A las tres mujeres les gustaba el aura de independencia que creían emanar cuando tenían un cigarrillo en la boca. Raquel era especialmente hábil para sostenerlo en una situación de equilibrio inestable, copiada de la imagen de Faye Dunaway haciendo de Bonnie Parker en "Bonnie & Clyde". Incluso se había comprado una boina para perfeccionar el parecido. La Susy era más recatada. Fumaba buscando siempre un alero o una tapia que la cubriera. La aterrorizaba la posibilidad de que la viera algún conocido de sus padres. A Liliana no le importaba porque le divertía la fantasía de que algún día, al volver a su casa, le increparían su comportamiento...