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Entradas

Ars Obscura (Nocturno nº 10)

¿Estarás todavía en el centro de la noche  esperando la luna para juntar mandrágoras? Macbeth o cualquier hombre podría interrumpirte.
El día traerá hambre y más hambre, como siempre. Y traerá otros días, y meses, y estaciones, de siembra, de cosecha, de vidas y de muertes.
Y estarás sola, conjurando astros, recogiendo hierbas, preparando la tierra, asistiendo a los partos, de otras, nunca el tuyo.
Cuando quieran llevarte, arrastrarte a la plaza, clavarte con agujas, arrancarte la piel y quemarte en la hoguera, de pie en el patíbulo
te reirás con fuerza, sabiendo que la noche (cualquier noche, quizás esta misma) te traerá de vuelta, para juntar mandrágoras.
Entradas recientes

El aire de la noche (nocturno 9)

El aire de la noche empieza a oler distinto anunciando una primavera demorada. A la madrugada truena y refucila.
Nos vamos despidiendo del invierno esperando un tiempo mejor y más benigno: como todos los años, anhelamos en vano.
El verano llegará, y después otro otoño, y seguiremos así, hasta el cansancio
o la muerte, que son casi lo mismo.

Nocturno número 8

I Debajo de la piel están los músculos y más abajo aún bailan mis huesos, haciendo una extraña música de ruidos celebrando que llego a los cincuenta.

Ya no seré más joven ni tendré otra vez el tiempo por delante. Y no habrá para mí oportunidades infinitas. Ni noches en el pasto esperando el paso de un cometa.

Y sin embargo no extraño la niñez:  se me hace ajena, como mirada  en una pantalla de cine. Como si fuera la vida de otro. No la mía.

II A los ocho años volvía solo a casa. Era la tarde, y salía de clases. Delante de mí, una vieja muy pequeña caminaba, arrastrando los pies.

No vi más que sus piernas, flacas, sucias, con las medias rotas y corridas, parecía que la carne y la piel se desprendían y caían en rollos hacia abajo.

No recuerdo más. Tan solo el asco. Me inquietaba la visión del abandono, la pobreza, la indolencia, la mugre.  Sin embargo, esa imagen me persigue.

III

Dublín (1)

Un brazo seco y muerto en una vitrina es lo único que queda de alguien  que vivió cerca de la turbera.

Mientras camino por Dublín me sigue la imagen de ese brazo perdido separado para siempre de su cuerpo.

¿Cuántas veces habrá esa mano rascado una cabeza incrédula, de un campesino o un guerrero?

¿Cómo llegó hasta nosotros? ¿Por qué azar del tiempo este brazo huérfano cayó a la ciénaga

donde lo encontraron, crispado, correoso, tratando todavía de resistir un golpe criminal?

Camino rápido. El frío me traspasa. Me esperan en el centro para  volver a casa. Afuera del museo, 

debajo de mis pies siento el asfalto. Más abajo, están los cuerpos  de otros hombres. Sepultados,

asesinados por vikingos o ingleses. Esperando pacientes el fin de los tiempos, cuando un cuerpo manco, se encuentre

con el brazo del museo.Camino sobre muertos, y a cada paso escucho, muy bajo, sus murmullos.

El silencio (Nocturnos 7)

El silencio después del portazo,
el olor del aire justo antes del trueno,
el zumbido en los oídos después
de ser golpeado por la ola,
el tiempo suspendido del enojo,
la boca pastosa por la sed o el hambre,
el dolor de los músculos cansados,
las manos hinchadas, doloridas,
la desazón, la bronca, la ignorancia

no son nada más que indicios
de tu ausencia, de tu falta,
de la necesidad de tenerte al lado
y hablarte hasta cansarte,
de hartarte de palabras y de ruidos,
de llenar un espacio que se abre
y amenaza con tragarme y con tragarnos,
como si toda la materia de este mundo
me recordara cuanto me hacés falta.

Otro Poema (Nocturnos 6).

“Otro poema”, me digo mientras rebusco y releo los libros apilados y sucios de Montale, de Heaney de Keats y Maiacovsky

¿Otro poema? ¿Por qué? ¿Acaso escribir resolverá alguno de los muchos conflictos.? “Un hilo se  devana…”, me respondo.
Otro poema. Si. No otro cualquiera. Uno que levante los muertos. Que avive la rabia y el amor. Que despierte un golem.
Otro poema que martille, que cante, que grite, que murmure o musite. Que te hable al oído, que te mate o te sane.
Otro poema, otro poema,
otro poema, otro poema.

Atravesado por el frío (Nocturnos 5)

Atravesado por el frío acomodo  un tronco más en el hogar tratando  de no ahogar el fuego y pienso hasta que el pensar se convierte  en un enumerar sin sentido una lista apenas  de objetos de muebles y personas de tiempos momentos y lamentos palabras ideas recorridos.
Es tarde, ¿o es temprano? el sol asoma por oriente (¡que falso, que antiguo, que cursi lo que digo!) y las últimas sombras de la noche  dejan paso a las brumas del día. Una neblina espesa brota  del asfalto y lejos escucho
el rumor de los motores arrancando.