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Ahíto, cansado... (Nocturnos 3)

Ahíto, cansado, lleno, saciado masticando la rabia de la tarde te encuentra la noche
pensando en el coraje que faltó o la cobardía que sobra escupiendo
los restos amargos de un jornal absurdo, mezquino. Empujando
la piedra de Sisifo, o peor entregandole el higado a las águilas
Esperando que un Heracles te salve, Prometeo suburbano.
No vendrá el hijo de Zeuz a buscar tu saber ni a desencadenarte
Estarás años esperando una revelación, un albur un movimiento
un destino mejor que el de mirarte en el fondo del vaso
naufragando.
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¿Que sentido...? (Nocturnos 2)

¿Qué sentido tiene escribir poesía así, en verso libre sin rima, sin esfuerzo sin técnica dejando fluir el pensamiento?

¿Para quién escribo (aparte de mí mismo)? ¿Qué ejercicio de pedantería hace que considere importante dejar algo por escrito?

Afuera hace un noche limpia y despejada que trae los primeros fríos. Lejos de casa algunos sufren el clima como un castigo.

¿Tendrán acaso ellos algo como la poesía que les dé una esperanza? Porque quizás esa sea la razón de escribir

buscar una esperanza, algo a lo que asirse, una idea, una ilusión de permanencia en medio de un tiempo sin sosiego.

Vacío de todo pensamiento... (Nocturnos 1)

Vacío de todo pensamiento me siento delante de una página en blanco que ya no es tal cosa sino apenas un conjunto de impulsos eléctricos ordenados en unidades de medidas llamadas bits o bytes o vaya a saber cómo, pensando en que el vacío de la mente es casi igual a la saturación de mensajes y de textos que nos rodean.
La radio desde la cocina me trae una música antigua que no es bella ni emocionante ni nada sino apenas una mueca de lo que debía ser un sentimiento.
En un tiempo pensé que escribiría poesía y sería gracioso, inteligente, witty o quizás comprometido, militante, valiente, o mejor todavía, todo eso junto, y combinado de una manera brillante que me erigiera como el farol de mi generación.
Apenas soy un hombre que teclea. Quizás algo más (o menos) que un animal amaestrado, herido, echado en el fondo de su jaula llamando la atención O quizás sea el loro que buscaba la suerte sobre el cajón del organillero.

Odiseo (Ítaca 5)

¿Qué pasará después de poner sus pies en las arenas de Ítaca, qué será de mi casa?
¿Qué creerá Penélope de los relatos de las batallas y los viajes?
¿Y si Troya jamás existió? ¿Si todas las mañanas despertaba, y del otro lado de la cama estaba el cuerpo amado?
Quizás siempre estuve al lado de Penélope. ¿Por qué habría dejado entrar a los pretendientes, descuidado a Telémaco? ¿Qué clase de hombre será Telémaco?
¿Qué aventura ha sido esta? ¿Dónde están están Polifemo, o Calipso? ¿A quién cantaban las sirenas?
Me encuentro en Ítaca. ¿Reconoceré a mi mujer y a mi hijo? ¿Podrán reconocerme?
Así estoy: de regreso,  confiando en la generosidad del amor,  esperando.

Telémaco (Ítaca 4)

¡Ojalá que fuera vástago de un hombre dichoso que envejeciese en su casa, rodeado de sus riquezas!; mas ahora dicen que desciendo, ya que me lo preguntas, del más infeliz de los mortales hombres. ODISEA. Canto I


¿Qué es un hombre? ¿Qué sentido tiene ser el príncipe de Ítaca? ¿Qué obligación me empuja hacia el mar, en busca de Néstor y Menelao? ¿Qué honor debo limpiar?, ¿a quién debo servir? Ninguna respuesta. ¿Tendré que navegar como Odiseo, en busca de una costa donde queden mis huesos desnudos? ¿Quién es Odiseo?, o mejor dicho,¿quién era Odiseo? ¿Qué es un padre? ¿O acaso seré hijo del mar y al mar debo volver? Méntor me alienta a que navegue. También a que mate a los pretendientes. Nadie ha preguntado nunca qué quiere Telémaco. Si es que Telémaco existe. Si es que Telémaco desea. Si es que Telémaco tuvo padres. Si este cuerpo es algo más que un huerfano. Al mar. A por respuestas.

Circe (Ítaca 3)

—Ve ahora a la pocilga y échate con tus compañeros. Así habló. ODISEA Canto X
Puede ser que me hayas encontrado ya alguna vez. A lo mejor en mi isla, o navegando el Egeo, o me cruzaste en un ascensor. El hecho de ser eterna me hace difícil entender el tiempo. No creo  que me reconozcas. Dicen que mi cuerpo es atlético y bien formado. Si viste el retrato que me hizo Waterhouse, no me hace justicia. A lo mejor fuiste mi amante o mi sirviente, estuviste en mi palacio y comiste de mi mesa, te recostaste en mi pocilga o en mi cama. Después de tanto tiempo no recuerdo a todos. Tuve hijos. Con Odiseo. Y con Telémaco. Si te escandaliza, deberías saber que tu juicio no tiene ninguna relevancia para mi. Recuerdo cuando hace años Odiseo se sentó a mi mesa. Tenía miedo. Hermes le había advertido quién era yo. Sabía la suerte de sus marineros. No escapó. Por eso me pareció atractivo. Del mismo modo en que los gatos se sienten atraídos por los ratones, decidí que podía jugar un poco con él. Lo dejé h…

Ayax (Ïtaca 2)

Áyax, hijo del irreprochable Telamón. ¿Ni siquiera muerto vas a olvidar tu cólera contra mí por causa de las armas nefastas? Odisea. Canto XI
Ni siquiera la profundidad del Hades va a protegerme de la vergüenza. ¿Por qué. Odiseo? ¿Por qué insistes en hablarme? Me invitas a escuchar tus palabras y explicaciones, me comparas con Aquiles y culpas a Zeus de mi muerte. No has cambiado Odiseo. Mucho antes del juicio en los que me arrebataste las armas de Aquiles, supe que el mundo no era justo. Fui yo el que salvó los cuerpos de Patroclo y Aquiles de la humillación en Troya, pero es inútil quejarse de lo que los dioses deciden. Protegido por Atenea esquivaste la muerte una vez más, para sumirme en la humillación y la derrota. Y quieres ahora hablarme. Vete Odiseo. Trata de enmendar la ruina de tu casa. ¿No ves en mi cuerpo la sangre de las reses? Debía ser tu sangre la que me bañara, tenía que vengarme. Pero Atenea odiaba mi valentía. Un hombre que no teme a los dioses no goza de sus favores…