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Dublín (1)

Un brazo seco y muerto en una vitrina es lo único que queda de alguien  que vivió cerca de la turbera.

Mientras camino por Dublín me sigue la imagen de ese brazo perdido separado para siempre de su cuerpo.

¿Cuántas veces habrá esa mano rascado una cabeza incrédula, de un campesino o un guerrero?

¿Cómo llegó hasta nosotros? ¿Por qué azar del tiempo este brazo huérfano cayó a la ciénaga

donde lo encontraron, crispado, correoso, tratando todavía de resistir un golpe criminal?

Camino rápido. El frío me traspasa. Me esperan en el centro para  volver a casa. Afuera del museo, 

debajo de mis pies siento el asfalto. Más abajo, están los cuerpos  de otros hombres. Sepultados,

asesinados por vikingos o ingleses. Esperando pacientes el fin de los tiempos, cuando un cuerpo manco, se encuentre

con el brazo del museo.Camino sobre muertos, y a cada paso escucho, muy bajo, sus murmullos.

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El silencio (Nocturnos 7)

El silencio después del portazo,
el olor del aire justo antes del trueno,
el zumbido en los oídos después
de ser golpeado por la ola,
el tiempo suspendido del enojo,
la boca pastosa por la sed o el hambre,
el dolor de los músculos cansados,
las manos hinchadas, doloridas,
la desazón, la bronca, la ignorancia

no son nada más que indicios
de tu ausencia, de tu falta,
de la necesidad de tenerte al lado
y hablarte hasta cansarte,
de hartarte de palabras y de ruidos,
de llenar un espacio que se abre
y amenaza con tragarme y con tragarnos,
como si toda la materia de este mundo
me recordara cuanto me hacés falta.

Otro Poema (Nocturnos 6).

“Otro poema”, me digo mientras rebusco y releo los libros apilados y sucios de Montale, de Heaney de Keats y Maiacovsky

¿Otro poema? ¿Por qué? ¿Acaso escribir resolverá alguno de los muchos conflictos.? “Un hilo se  devana…”, me respondo.
Otro poema. Si. No otro cualquiera. Uno que levante los muertos. Que avive la rabia y el amor. Que despierte un golem.
Otro poema que martille, que cante, que grite, que murmure o musite. Que te hable al oído, que te mate o te sane.
Otro poema, otro poema,
otro poema, otro poema.

Atravesado por el frío (Nocturnos 5)

Atravesado por el frío acomodo  un tronco más en el hogar tratando  de no ahogar el fuego y pienso hasta que el pensar se convierte  en un enumerar sin sentido una lista apenas  de objetos de muebles y personas de tiempos momentos y lamentos palabras ideas recorridos.
Es tarde, ¿o es temprano? el sol asoma por oriente (¡que falso, que antiguo, que cursi lo que digo!) y las últimas sombras de la noche  dejan paso a las brumas del día. Una neblina espesa brota  del asfalto y lejos escucho
el rumor de los motores arrancando.

El viento trae un extraño lamento (Nocturnos 4)

Los primeros fríos del invierno traen  somnolencia y sequedad. Salgo a caminar de noche por el barrio,

el silencio de la calle es fértil e imagino las escenas que transcurren detrás de los vidrios de las casas

donde las luces titilan. Las ventanas cerradas, guardan el escaso calor y los afectos.

El viento sur se levanta y mueve las hojas que quedaron  del otoño. Ajusto mi bufanda

entrecierro los ojos y avanzo al abrazo de la noche mientras escucho el silbido

del aire moviéndose y gritando como si una banshee me cantara un oscuro presagio

Ahíto, cansado... (Nocturnos 3)

Ahíto, cansado, lleno, saciado masticando la rabia de la tarde te encuentra la noche
pensando en el coraje que faltó o la cobardía que sobra escupiendo
los restos amargos de un jornal absurdo, mezquino. Empujando
la piedra de Sisifo, o peor entregandole el higado a las águilas
Esperando que un Heracles te salve, Prometeo suburbano.
No vendrá el hijo de Zeuz a buscar tu saber ni a desencadenarte
Estarás años esperando una revelación, un albur un movimiento
un destino mejor que el de mirarte en el fondo del vaso
naufragando.

¿Que sentido...? (Nocturnos 2)

¿Qué sentido tiene escribir poesía así, en verso libre sin rima, sin esfuerzo sin técnica dejando fluir el pensamiento?

¿Para quién escribo (aparte de mí mismo)? ¿Qué ejercicio de pedantería hace que considere importante dejar algo por escrito?

Afuera hace un noche limpia y despejada que trae los primeros fríos. Lejos de casa algunos sufren el clima como un castigo.

¿Tendrán acaso ellos algo como la poesía que les dé una esperanza? Porque quizás esa sea la razón de escribir

buscar una esperanza, algo a lo que asirse, una idea, una ilusión de permanencia en medio de un tiempo sin sosiego.