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Mostrando entradas de marzo, 2012

Siesta.

Maté a un niño. ¿Soy un monstruo? Fue mucho más fácil de lo que pensaba. Acabo de entender que ni siquiera hace falta ser inteligente para matar. Por el tamaño ni siquiera va a costar deshacerse del cuerpo. En una bolsa de consorcio entró bien. Raro. Nunca me imaginé que fuera así. Debe ser porque la literatura va creando una imagen ligeramente distorsionada de las cosas. Siempre pensé en que estas situaciones eran el resultado de la perversidad, la locura, o el cansancio; como en ese cuento de Chejov, donde la niñera ahoga al bebé. No. Las razones pueden ser infinítamente más pedestres. Infantiles incluso. ¿Dije infantiles? Si. Ahora me doy cuenta. El paisaje era el mismo. ¿Para qué inscribí a mi hijo en la misma escuela a la que fui yo. Tendría que haberlo pensado antes. Una persona con una memoria como la mía nunca termina de hacer desaparecer la basura que va juntando en el fondo de los recuerdos. Tampoco perdona. No importa. Ya sucedió. No es relevante.  ¿Éste es el monstruito que…