Los escritores, en general, se parecen mucho a los seres humanos. No estamos seguros de que lo sean. Algunos muestran los usos y costumbres de la gente común, pero en algunas circunstancias aparecen elementos que nos hacen dudar: reacciones exacerbadas, respuestas erráticas, etcétera. Pasan de la exaltación a la tristeza con una rapidez fascinante. Pueden parecer peligrosos, a veces hasta para ellos mismos. A pesar de eso, presentan una gran habilidad para la supervivencia. En general su comportamiento adaptativo se orienta al camuflaje, a pasar inadvertidos. Nos recuerdan a los animales que cambian de color de piel o se desprenden de un miembro que luego vuelve a crecer. No son facilmente reconocibles como los actores o los bailarines. Los artistas de la escena buscan naturalmente el contacto con la gente. Parecen los otarios, esos simpáticos mamíferos acuáticos. Generalmente se los ve en lugares públicos,...