Ir al contenido principal

Pasando el aviso.

A partir de el lunes 10 de Marzo la revista Palp, comienza a publicar ficciones de género online. Allí estaré con Bandera Roja  los días martes, acompañado de trabajos de Diego Cortés, Ari Epstein y Guillermo Bawden.
Los esperamos ahí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

[casi] Historias reales. Los héroes deberían morir jóvenes.

Nunca terminaremos de entender: demasiado de lo que deseamos resulta demoledor. No estamos hechos de la materia de los titanes para cargar sobre nuestros hombros los dones que anhelamos. No saldremos indemnes.
De todos los atributos,  la juventud, el talento, la belleza,  el reconocimiento deben ser los mas solicitados. Helena los tuvo a todos. Fue joven y bella  (esto es quizás poco mérito: la belleza es obra de la casualidad, un feliz efecto del azar genético. La juventud nos es dada a todos por igual).  El ingenio de Helena fue que supo hacer de su hermosura  una exhortación a seguir mirándola. Invitaba a buscar el talento debajo de la superficie. Cuando no pasaba de los veintidós o veintitrés años, a fines de la década del 80,   ya había cubierto un buen centimetraje de prensa. Era graciosa, audaz, simpática. Podía ser encantadora, cruel o insidiosa al mismo tiempo. Jamás  perdía la calidad de "it girl", como una nueva Clara Bow. Estaba donde las cosas pasaban, y su pres…

Baigorria (20)

No me gusta salir del barrio. Menos de noche. Si accedí a subirme al auto de Gómez y viajar hasta Alta Gracia fue por la necesidad de terminar con todo este asunto. Además, toda la zona de Paravachasca me trae recuerdos de Sara Sandler, de tardes en el río en La Paisanita, de fotos al lado del Hongo (ese mirador extraño en el medio del río) de momentos mejores que estos que les relato. El trayecto fue más rápido de lo que esperaba. El tramo por la autopista no nos llevó más de veinticinco minutos, en los que Gómez apenas me dirigió la palabra. Recién después de cruzar el norte de Alta Gracia y buscar un camino de tierra empezó a darme indicaciones: —Tratá de no hacer cagadas. —Chuy. —No contestés como un pendejo —Re-chuy —Baigorria, sos un pelotudo bárbaro y si me contestás “chuy” de nuevo te meto un balazo y te tiro en una cuneta.

Siesta.

Maté a un niño. ¿Soy un monstruo? Fue mucho más fácil de lo que pensaba. Acabo de entender que ni siquiera hace falta ser inteligente para matar. Por el tamaño ni siquiera va a costar deshacerse del cuerpo. En una bolsa de consorcio entró bien. Raro. Nunca me imaginé que fuera así. Debe ser porque la literatura va creando una imagen ligeramente distorsionada de las cosas. Siempre pensé en que estas situaciones eran el resultado de la perversidad, la locura, o el cansancio; como en ese cuento de Chejov, donde la niñera ahoga al bebé. No. Las razones pueden ser infinítamente más pedestres. Infantiles incluso. ¿Dije infantiles? Si. Ahora me doy cuenta. El paisaje era el mismo. ¿Para qué inscribí a mi hijo en la misma escuela a la que fui yo. Tendría que haberlo pensado antes. Una persona con una memoria como la mía nunca termina de hacer desaparecer la basura que va juntando en el fondo de los recuerdos. Tampoco perdona. No importa. Ya sucedió. No es relevante.  ¿Éste es el monstruito que…