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Veranos

Si quisiera escribir un poema festivo contando los veranos lejanos de la infancia  y hablar  allí de frutas y calor, mentiría; quizás sería más cierto hablar de juegos  y de arroyos, mezclados con retazos de las charlas de adultos hablando de crisis y de muertes, de exilios y de presos. De pasar una ruta cuajada de carteles que avisaban terminantes “No se detenga, centinela abrirá fuego” Crecimos  y creímos que el horror terminaba. Llegaron los veranos de feliz inconsciencia. Los llamamos “Los dorados Ochentas” Nos fuimos a las playas. Formamos manadas  de muchachos. Tocamos la guitarra, cantamos y esperamos el futuro. Y sin embargo, también en el verano el pasado volvía.O bien levantamientos, o bien  asesinatos. El diario nos traía a un mundo conocido, ya viejo y agotado, de broncas y peleas, de corrupción y estafa, de arengas y de miedo. El mundo no ha cambiado: tan solo otro verano se acerca inevitable....

Dublín (2)

¿Qué hora es ahora en Dublín? ¿Cómo estará el tiempo? ¿Llueve? ¿Qué hará el hombre que me habló  en español en Sweny’s, juntando  por un momento a Joyce con Argentina? —Los jueves y los sábados se lee el Ulises (dos veces el sábado, a la tarde en francés). los martes y viernes Dublineses— ,  me contaba, antes de decirme, risueño, que tuvo un amorío con Corina Kavanagh (lo cual es imposible). Debe ser otoño, quizás esté lloviendo. Hindúes y rumanos irán por Capel Street buscándose una vida muy lejos de sus casas. Igual que la peruana que atendía en Burger King y se negaba a hablarme en castellano. ¿Qué lugar es ahora Dublín? Es todos y ninguno. Es un deseo de un lugar distinto, es una arcadia o un infierno. Un puerto del que irse o regresar. Un laberinto, un espejo, un tigre, una cita de Borges, un vikingo, nada.

Ars Obscura (Nocturno nº 10)

¿Estarás todavía en el centro de la noche  esperando la luna para juntar mandrágoras? Macbeth o cualquier hombre podría interrumpirte. El día traerá hambre y más hambre, como siempre. Y traerá otros días, y meses, y estaciones, de siembra, de cosecha, de vidas y de muertes. Y estarás sola, conjurando astros, recogiendo hierbas, preparando la tierra, asistiendo a los partos, de otras, nunca el tuyo. Cuando quieran llevarte, arrastrarte a la plaza, clavarte con agujas, arrancarte la piel y quemarte en la hoguera, de pie en el patíbulo te reirás con fuerza, sabiendo que la noche (cualquier noche, quizás esta misma) te traerá de vuelta, para juntar mandrágoras.

El aire de la noche (nocturno 9)

El aire de la noche empieza a oler distinto anunciando una primavera demorada. A la madrugada truena y refucila. Nos vamos despidiendo del invierno esperando un tiempo mejor y más benigno: como todos los años, anhelamos en vano. El verano llegará, y después otro otoño, y seguiremos así, hasta el cansancio o la muerte, que son casi lo mismo.

Nocturno número 8

I Debajo de la piel están los músculos y más abajo aún bailan mis huesos, haciendo una extraña música de ruidos celebrando que llego a los cincuenta. Ya no seré más joven ni tendré otra vez el tiempo por delante. Y no habrá para mí oportunidades infinitas. Ni noches en el pasto esperando el paso de un cometa. Y sin embargo no extraño la niñez:  se me hace ajena, como mirada  en una pantalla de cine. Como si fuera la vida de otro. No la mía. II A los ocho años volvía solo a casa. Era la tarde, y salía de clases. Delante de mí, una vieja muy pequeña caminaba, arrastrando los pies. No vi más que sus piernas, flacas, sucias, con las medias rotas y corridas, parecía que la carne y la piel se desprendían y caían en rollos hacia abajo. No recuerdo más. Tan solo el asco. Me inquietaba la visión del abandono, la pobreza, la indolencia, la mugre.  Sin embargo, esa imagen me persigue. III Años después he visto muchas...

Dublín (1)

Un brazo seco y muerto en una vitrina es lo único que queda de alguien  que vivió cerca de la turbera. Mientras camino por Dublín me sigue la imagen de ese brazo perdido separado para siempre de su cuerpo. ¿Cuántas veces habrá esa mano rascado una cabeza incrédula, de un campesino o un guerrero? ¿Cómo llegó hasta nosotros? ¿Por qué azar del tiempo este brazo huérfano cayó a la ciénaga donde lo encontraron, crispado, correoso, tratando todavía de resistir un golpe criminal? Camino rápido. El frío me traspasa. Me esperan en el centro para  volver a casa. Afuera del museo,  debajo de mis pies siento el asfalto. Más abajo, están los cuerpos  de otros hombres. Sepultados, asesinados por vikingos o ingleses. Esperando pacientes el fin de los tiempos, cuando un cuerpo manco, se encuentre con el brazo del museo.Camino sobre muertos, y a cada paso escucho, muy bajo, sus murmullos.