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Nocturno nº 11

Leo a una amiga que pone en un poema
sus deseos, imágenes, fantasmas.
Habla de aturdimiento y taquicardia
y yo trato de remontar el hilo

de su pensamiento (como Montale
intentaba sostener el hilo de la memoria).
Ansía (¿será esa la palabra?) un encuentro
con otro cuerpo y otra alma.

¿Hay un alma? ¿Hay deseo?,
me pregunto mientras escribo.
El tiempo me ha hecho viejo
y descreído. Prefiero la paz

de la vejez. El otoño al verano.
Acomodar la silla y mirar la tarde
sin esperar nada. Ni siquiera
ver el rayo verde es un anhelo.

Y sin embargo la serenidad
es tramposa. Sospecho de la paz
porque antecede a la tormenta.
Y el deseo se enrosca y asalta.

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