Ir al contenido principal

La novia del guerrero (24)

—¿Nom de guerre?
—Si. ¿Nunca escuchaste esa expresión?
Liliana trató de repasar todo lo debía haber aprendido en el curso de formación política pero no lograba conectar con ningún significado. Recuperaba frases aisladas como "condiciones objetivas". "vanguardia", "proletariado", "lucha de clases", y "18 brumario"; pero ninguna se correspondía con lo que le decía Ramirez. Además tenía la certeza de que si efectivamente le hubieran dicho algo en francés, el odio que sentía hacia Madame Berazategui le hubiera impedido olvidarlo.
—No, la verdad es que no.
Al contestarle a Ramirez aprovechó para mirarlo primero a los ojos y luego bajar la cabeza haciéndose la avergonzada. Según su prima Carmen, a los muchacho les gustaban las ingenuas, y ese gesto era prácticamente irresistible. Mientras trataba de encontrar un punto final para este ademán, se preguntó por qué Elenita y Carmen siempre que hablaban utilizaban muchos adverbios: "finalmente", "prácticamente", "definitivamente", y así...
Como se quedó abstraída, no se dio cuenta de Ramirez había seguido hablando:
—...tiene una importancia táctica. ¿No te parece?
—¿Cómo?
—No me prestás atención. No te importa lo que digo.
Empezó a barajar posibilidades de respuestas. Si tenía que dejar atrás al Rengo, no podía cometer errores con Ramirez. Trató de ganar tiempo.
—No por favor. No es eso.
—¿Y qué será?
Liliana pasaba el pie sobre la baldosa como si fuera una nena, pero adentro de su cabeza había una actividad desbocada. Evaluaba las distintas contestaciones hasta que una salió sin control:
—Es que me cuesta concentrarme con ese lindo pelo que tenés.
En cuanto se escuchó decirlo se arrepintió. Si su madre la hubiera oído, la habría tratado de "perdida". Su tía, la mamá de las chicas, directamente le habría dicho putona. Ramirez en cambio, hizo algo que ella no esperaba: se puso colorado y sonrió.
—Me parece que este Ramirez no está avivado, —pensó Liliana—, mejor. Menos problemas.
Decidió actuar con cautela.
—Pero no me terminaste de explicar lo del nom de guerre.
Ramirez carraspeó un poco y trató de que no se le notara la incomodidad. Durante todo el resto de la conversación más pendiente del modo en que caía su pelo que de la explicación que pretendía dar.
—Te decía, vos sabés quién soy...
—Claro tonto, si nos conocimos en Nono.
—Bueno, pero eso puede ser una debilidad al momento de emprender la lucha por la liberación popular.
Liliana notó que la jerga revolucionaria no solamente le resultaba incomprensible sino que empezaba a sonarle irritante, pero intentó disimular la molestia.
—¿Cómo sería eso?
—Imaginate que las fuerzas de la reacción, empeñadas en detener el accionar de las vanguardias, detuvieran e interrogaran a uno de los compañeros.
—Si. Ya me lo imagino. ¿Qué pasa entonces?
—Si conocés el nombre de los compañeros te los pueden sacar, entonces nos van a buscar a todos.
—Ah...
—Si en cambio nos tratamos por nuestros noms de guerre, por más que nos detengan o torturen, no van a llegar a encontrarnos.
Liliana se quedó mirando a Ramirez. Le llamó la atención la ligereza con la que hablaba de la tortura. En su cabeza se aparecieron dos imágenes: por un lado, el relato que les había hecho el profesor de historia de primer año, sobre la quema de los cepos durante la Asamblea del año XIII; y por la otra, el brazo tatuado con número de doña Jaie, la abuela de Raquel. Sacudió la cabeza como si con ese gesto pudiera hacer que los pensamientos se fueran, y trató de retomar la conversación.
—Entonces, ¿está bien si te digo Rolando? Porque tenés el pelo igualito a Claudio García Satur.
Ramirez se rió bajito y volvió a ponerse colorado. Liliana aprovechó para darle un beso en la mejilla y salir rápidamente. Todavía tenía que llegar a tiempo al edificio de La Mundial, donde su padre la buscaría a la salida del supuesto curso de Corte y Confección. Caminaba rápido y sonreía. Pensaba que, si las cosas salían bien, César Carlos se iba a enterar de lo que se estaba perdiendo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dobles.

Para SL en su cumpleaños. Como pasa seguido en la literatura argentina, la culpa la tuvo Borges. Él puso de moda eso de andar usando dobles que hicieran el trabajo  por uno, que llevaran el peso de las relaciones públicas y dijeran ingeniosadas por ahí. Dicen que había conseguido un cabalista que por unos pocos pesos le hizo el golem con su aspecto para que andara caminando titubeante de la mano de Kodama, sosteniendo el papel de escritor de laberintos y tigres, mientras Borges andaba tranquilo por los piringundines de los barrios del sur. El problema fue cuando todos los escritores, los consagrados y los principiantes, se vieron en la necesidad de tener un doppelganger que llevara una vida interesante por ellos. Por suerte gracias a Madonna que se convirtió a la Kabalah, esta chapucería hebrea de andar creando seres con palabras se puso de moda. Hoy encontrás fácilmente quien te hace un doble como antes aparecían por el barrio nuevos estudios de Pilates, parripoll...

Declaración de intenciones

  Diré —con absoluta certeza— que no reconstruiré el templo de Jerusalén. Que no llevaré al proletariado al paraíso de los trabajadores, ni escribiré una canción que una a los pueblos. No creo que llegue a cruzar el Egeo, ni el Tirreno, ni el Adriático, para fundar Alba Longa y engendrar emperadores. Difícilmente arroje la piedra que derrote gigantes, ni soporte el llamado de las sirenas atado a un mástil. No es probable que busque Oriente por Occidente, ni que cruce mis barcos por tierra, sobre un istmo. No es probable, siquiera, que tenga un barco. No inventaré la rueda, ni el bronce, ni el pentámetro yámbico. No viajaré a Bali a ver bailar las máscaras, ni me santificaré en el Ganges. No buscaré la entrada del infierno en medio del camino de mi vida, ni tendré que optar entre el amor de Ofelia y la venganza de mi sangre. Gracias, Dios, por todos esos dones que no tengo.

Detalles

Apenas recuerdo otros detalles de aquel período de mi vida. PATRICK MODIANO. Más allá del olvido 1 La memoria no se organiza en un orden cronológico. Mucho menos si los hechos se desarrollaron en un ambiente saturado de porro y vino barato.  Cuando Javier lo intenta, lo primero que recuerda es que mientras le cantaban el Feliz cumpleaños, la disposición de la escena era esta: su madre ya se había acostado, su padre estaba en el medio del living, en piyamas y sosteniendo una botella de whisky nacional, su amigo el Beto estaba echado en cuatro patas en el piso, sus primos fumaban marihuana  en la cocina, Emilia discutía con dos amigos de Javier que decían ser fotógrafos (presentaban como obra,  una serie de contactos de imágenes de soretes flotando en inodoros). No recuerda mucho más. Dos o tres meses después las cosas dejaron de ser divertidas y la desintegración empezó a chuparse todo como el remolino de la bañadera. 2 Emilia se cansó de los intentos de suic...