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Llamame Marcela.




1
-Pero...
-Nada. Marcela dije.
-Pe...
-Son las reglas. Si me querés acá, soy Marcela. No me importa lo que sepas.
-Esta bién, Dani..., perdón; Marcela. ¿Tomás algo?
-Campari con tónica.
¿Qué?
¿Sos sordo? ¡CAM-PA-RI CON TO-NI-CA!
-No soy sordo. Nunca me imaginé que pidieras eso. Digo, siempre pedís...
-¿De qué siempre hablás? Me acabás de conocer.
-Cierto. Mozo, un Campari con tónica para la señora.
-Señorita.
-Perdón, señorita; y una Quilmes para mí.
-Entonces...
-¿Entonces qué?
-¿Entonces qué querés?
-¿Entonces qué querés qué?
-¿Sos idiota o miraste demasiados capítulos del Chavo?
-¿Desde cuando contestás así?
-Desde que tengo ganas. Y como vos NO me conocés, no tengo porqué cumplir ninguna expectativa tuya.
-¿Segura?
-Estoy segura que no nos conocemos.
-No. Hablo de las expectativas.
-¿Por qué? ¿Vos esperás algo en particular? No sabés que clase de loca puedo ser. A lo mejor te despertás mañana en una bañera llena de hielo y sin los riñones.
-Espero que se si vas a hacer eso le pongas a la bañera más hielo que a tu Campari. Bastante amarrete el barman.
-No te quejes. Vos me citaste acá. ¿No conocés lugares mejores?
-Salgo poco.
-Seguro. También me imagino que tenés una mujer que esta loca, enferma de cancer, y que aunque están separados, no te fuiste de la casa por los chicos. Cuando era boluda creía esas cosas.
-Siempre tan amarga.
-Decís siempre una vez más, me levanto y me voy.

2
-¿Donde estuviste?
-Salí.
-¿No me lo vas a decir?
-¿No sospechas?
-Saliste a comprar cigarrillos y decidiste enrolarte en la Legión extranjera. Te hartaste de matar bereberes en el magreb y te acordaste que tu mujer te esperaba. Fuiste al almacén por mortadela y en el depósito de don Jacobo había un vórtice espacio temporal que te llevó delante de Nefertiti, me trajiste de recuerdo un collar de esmeraldas con forma de escarabajos. Saliendo del trabajo fuiste secuestrado por la avanzada de la revolución guevarista. Te lavaron el cerebro y te devolvieron para que convenzas al barrio de la inminencia de la llegada del socialismo.
-Nop.
-¡Que pena! Me hubieran encantado las esmeraldas. Es una lástima que el almacén de Jacobo haya cerrado hace diez años. ¿No venís a comer?
-Dale. Esperá que me lavo las manos.

3
-Vos dirás.
-Atame.
-¿Con qué?
-Con una soga. ¿Con qué va a ser?
-Vamos, que no soy tan pelotudo como para no saber que para atarte tengo que tener una soga. El tema es de donde saco una.
-No es mi problema.
-Vos tenés otros problemas.
-¿Cuales?
-Nada.
-Buen perro.
¿Qué dijiste?
-Buen perro.
-Qué te pasa? ¿querés que te...
-Quiero que me ates. O soy tu perra o vos sos mi perro? ¿Que vas a elegir?

4
-¡Qué rico cuando pongo mi polla entre tus nalgas, tía!
-¡Callate pelotudo y movete que no voy a hacer todo sola!

5
-No mires el piso.
-No miro.
-¡No me pises!
-¿Te pisé?
-¡Ay! Podías mirar donde ponés el pié.
-¿Miro o no miro?
-Callate que viene el profe.

6
-No salten. No golpeen el piso. Sea masculino pero amable con la hembra. Relaje la espalda. Acerque el cuerpo. Recuerden: no tan cerca cómo para cruzar el nivel de la decencia; ni tan lejos que no pueda sentir el olor del pelo de ella. El hombre tiene que llevar a la mujer, pero ella tiene que indicarle por donde llevarla. Es como en la cama: la sabiduría de la mujer consiste en conseguir lo que quiere, haciéndole creer al hombre que es ella la hace lo que él quiere.

7
-Yo siempre pensé que el profe era puto.
-Callate idiota, que está a medio metro y te va a escuchar.
-Che, a la salida vayamos a tomar algo. Total los chicos se pueden quedar con tu vieja media hora más.
-Dale.

8
-Esa corbata...
-¿Qué con  la corbata?
-No hace juego con la camisa, ni con los zapatos ni con nada.
-Me la regalaste vos...
-¿Seguro?
-Si. Era la época que volviste de la terapia con la idea de qué faltaba juego en la pareja.
-No volví con la idea de terapia. No soy tan pelotuda como para que alguien me meta ideas en la cabeza.
-No dije eso.
- Porque no te animás.
-Claro ahora resulta que te tengo miedo.-
-No me vengas con eso. Y ya que sacaste el tema, no solamente falta juego. Falta diálogo.
-Perdoname, además de romperme las bolas con la corbata, cuando ya estamos saliendo tarde, ¿no se te ocurre nada más util que reclamarme pelotudeces?
-Para vos son pelotudeces.
-Escuchame, hace quince años me regaláste una corbata de mierda,  que como era del auténtico hilo del culo de un gusano, pagaste en doscientas cuotas con la tarjeta de crédito. No, perdoname, ahora que me acuerdo no fuiste vos sino “Marcela”, y me la dió para que la ate del cuello y la pasee. Obviamente que no pegaba con nada esta cagada de corbata. Además de que con la corbata al cuello te pusiste a ladrar, así que el conserje del hotel de mierda al que me llevaste bajó la puerta a patadas.
-Sacate esa corbata y dejate de joder. No todos los días se te recibe un hijo.

9
-Ravioles.
-Otra vez ravioles.
-La semana pasada compré ravioles y te encantaron.
-Ayer comimos ravioles.
-No. Ayer no comimos ravioles.  Ayer me llevaste a un bar y hiciste tomar un Campari con tónica, viejo retorcido, sabiendo que no me gustan las bebidas amargas.
-No, vieja loca, ayer me hiciste comer ravioles porque dijiste que la enfermera te los había pedido.
-A esa chiruza que metió tu hijo me la sacás de casa. Ya te lo dije.
-Decime sinceramente, ¿no te hartás de escucharte todo el tiempo dando órdenes?
-Como si obedecieras, viejo degenerado. Si hasta me tuve que resistir para que no me llevaras a un club swinger.
-¿Cómo? Ahora resulta que yo te quería llevar a un club swinger?
-Sí. Cuando me metías los cuernos con esa degenerada..., Marcela.

10
-Trate de no alterarla mucho. No discuta. Nos está costando bastante trabajo manterle estable la presión arterial.
-¿Reconoce?
-A usted lo sigue nombrando seguido. A su nuera la semana pasada no la reconoció. Se la pasó haciéndole preguntas sobre corbatas. Creía que era la vendedora de un local de ropa masculina. En cambio con su hijo estuvo coherente y hasta le preguntó por los nietos.

11
-Hola.
-No le enseñaron a tocar.
-Pensaba que tenía la confianza suficiente para pasar.
-Pero que atrevido había resultado el señor. Pase. No todos los días me visitan hombres guapos como usted. ¿Lo puedo tutear?
-Por supuesto. Nos conocemos hace años.
-Seguramente. Pero, de todas formas podríamos jugar a que recién nos conocemos. La semana pasada vino mi hijo, el mayor. Porque tengo dos hijos, ¿sabias? No sé porque me pregunto una infinidad de veces si sabía quien era. Que chico pavote. Vino con una mujer que atendía en Juven’s o en Zelerkraut, me parece. Una pesada que no sabía nada de complementos.
-Te pido algo, ¿un té estará bien?
-Lindo, ¿tengo cara de tomar un tecito? ¿Por qué no te jugás con un Campari?
-No creo que pueda entrarlo a la clínica.
-Ah... ¿Te gustan los roles? ¿Querés que sea tu enfermera?
-Dani, dejate de idioteces por favor, vieja desubicada.
-Perdón..., ¿con quién crees que hablás?
-Daniela...
-Tontito. Marcela. Llamame Marcela.

Comentarios

  1. Sorprendente y alucinante. Muy grato, pero con ese extraño sabor que te deja la tragedia. Maldita corbata.
    A veces me olvido, y me tomo un Cynar con naranja.

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