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Circe (Ítaca 3)

—Ve ahora a la pocilga y échate con tus compañeros. Así habló. ODISEA Canto X Puede ser que me hayas encontrado ya alguna vez. A lo mejor en mi isla, o navegando el Egeo, o me cruzaste en un ascensor. El hecho de ser eterna me hace difícil entender el tiempo. No creo  que me reconozcas. Dicen que mi cuerpo es atlético y bien formado. Si viste el retrato que me hizo Waterhouse, no me hace justicia. A lo mejor fuiste mi amante o mi sirviente, estuviste en mi palacio y comiste de mi mesa, te recostaste en mi pocilga o en mi cama. Después de tanto tiempo no recuerdo a todos. Tuve hijos. Con Odiseo. Y con Telémaco. Si te escandaliza, deberías saber que tu juicio no tiene ninguna relevancia para mi. Recuerdo cuando hace años Odiseo se sentó a mi mesa. Tenía miedo. Hermes le había advertido quién era yo. Sabía la suerte de sus marineros. No escapó. Por eso me pareció atractivo. Del mismo modo en que los gatos se sienten atraídos por los ratones, decidí que podía jugar un po...

Ayax (Ïtaca 2)

Áyax, hijo del irreprochable Telamón. ¿Ni siquiera muerto vas a olvidar tu cólera contra mí por causa de las armas nefastas? Odisea. Canto XI   Ni siquiera la profundidad del Hades va a protegerme de la vergüenza. ¿Por qué. Odiseo? ¿Por qué insistes en hablarme? Me invitas a escuchar tus palabras y explicaciones, me comparas con Aquiles y culpas a Zeus de mi muerte. No has cambiado Odiseo. Mucho antes del juicio en los que me arrebataste las armas de Aquiles, supe que el mundo no era justo. Fui yo el que salvó los cuerpos de Patroclo y Aquiles de la humillación en Troya, pero es inútil quejarse de lo que los dioses deciden. Protegido por Atenea esquivaste la muerte una vez más, para sumirme en la humillación y la derrota. Y quieres ahora hablarme. Vete Odiseo. Trata de enmendar la ruina de tu casa. ¿No ves en mi cuerpo la sangre de las reses? Debía ser tu sangre la que me bañara, tenía que vengarme. Pero Atenea odiaba mi valentía. Un hombre que no teme a ...

Penélope (Ítaca 1)

¿Por qué debo mostrarme educada y sumisa? El cuerpo se rebela. Estoy cansada. Apenas duermo. Mi vida son dos vidas. Por la mañana, la reina de Ítaca, a la noche la viuda de Odiseo. Todo lo que sabía y tenía por cierto ha desaparecido. ¿Hay, en alguna parte, un cuerpo yerto, para envolver en esta tela? Quizás no. Quizás se lo comieron las bestias, o los peces, o fue atado a un carro y paseado por el borde de una muralla. Quizás no haya cuerpo. ¿Lo reconocería? ¿Habrá carne sobre los huesos, que me recuerde al padre de Telémaco? Si está vivo, podría mirar unos rasgos viejos y tratar de encontrar allí algún parecido con mi hijo. ¿Mi hijo?¿Nuestro hijo? MI hijo. Odiseo apenas vio a Telémaco. No podía sostenerse sobre sus piernas cuando el padre partió en busca de Elena. Maldita Elena. Maldita. Alguna vez fui joven y según decían, hermosa. Sin embargo era mi prima Elena la que hacía que los hombre viajaran a Esparta a pretenderla. Odiseo el astuto, entre ellos. Elena era el premio y...

Versiones 3: La muchacha ahogada

A partir de “Sobre una muchacha ahogada” (Brecht - Weill 1919) “Sin hundirse, la ahogada descendía por los arroyos y los grandes ríos, y el cielo de ópalo resplandecía como si acariciara su cadáver.’ ¡Ahí tenés, hija de puta! No te hundís vos, pero querés hundirme a mí. Siempre buscaste eso. Desde el primer momento que te vi en el baile supe que ibas a ser un problema. ¡Pero que problema sabroso resultaste! Por que bien que te gustaba la cama. Me acuerdo perfectamente lo que me dijiste: “Si así te movés en la pista, cómo te moverás en la cama”. Mirá que habré sido pelotudo. Años tardé en enterarme que habías sacado la frase de una película. Buscona, como todas las minas, eso eras. “Las algas se enredaban en el cuerpo y aumentaba su peso lentamente. Le rozaban las piernas fríos peces. Todo frenaba su último viaje.” Ayer, estuvo la estúpida de tu vieja preguntando. ¡Cómo se atreve! Si quedé afuera de la fuerza por la cantidad de denuncias que me metió. No entendía n...

Versiones 2: Ne me quitte pas

“...l’ombre de ton chien...”  repite Dina mientras la voz de Jacques Brel suena en un taxi que la lleva por Boulevard Chacabuco. Hacía años que no lo escuchaba. Recuerda la sensación de ridículo que le producía escuchar “Ne me quittes pas” . ¿Quién podía ofrecerse a ser la sombra de un perro? Existían personas capaces de sentir así? Mientras el vuelve a su casa, estrofas enteras toman por asalto su cabeza: “...Oublier ces heures Qui tuaient parfois A coups de pourquoi Le coeur du bonheur...” “Matar a golpes de por qué el corazón de la felicidad”. Detenidos en el semáforo de Plaza España siente que el corazón se le encoge de dolor. Quiere llorar. No puede. Le da vergüenza. Está el conductor. “No me dejes” ¿Quién dejó a quién? ¿Su marido se fue? ¿Cuándo? La ruptura se había producido antes de la partida.¿Pero había realmente una ruptura? ¿Acaso sentía algo por Esteban? Pregunta incorrecta. ¿Sentía? ¿Tenía capacidad para sentir? A la altura de Plaza Alberdi llega a una conclusión. Si...

Versiones 1: All Through the Night

All through the night I'll be awake and I'll be with you All through the night  This precious time when time is new Oh, all through the night today Knowing that we feel the same without saying ¿Estás respirando? La puta madre que te re mil parió, ¿estás respirando? Hablame, decime algo. Aunque sea insultame o haceme enojar, repetime alguna de esas estupideces con la que te gusta hacerme rabiar. Despertate, de una vez y yo voy a poder dormir. ¿Dormir? Quiero soñar, pero sin sueños, estar suspendido en una sensación de no necesitar nada. Saber que estás bien. ¿Cuánto tiempo llevo sin dormir? Una vez vimos un documental juntos de una persona que murió de insomnio familiar fatal, y te hice jurar que si alguna vez llegaba a sucederme algo como eso,  vos ibas a saltarme encima con la almohada hasta ahogarme. No vas a poder hacerlo. Y el único insomnio que tengo no está causado por una degeneración cerebral, sino por vos. We have no past we won't reach back ...

[casi] Historias reales. Los héroes deberían morir jóvenes.

Nunca terminaremos de entender: demasiado de lo que deseamos resulta demoledor. No estamos hechos de la materia de los titanes para cargar sobre nuestros hombros los dones que anhelamos. No saldremos indemnes. De todos los atributos,  la juventud, el talento, la belleza,  el reconocimiento deben ser los mas solicitados. Helena los tuvo a todos. Fue joven y bella  (esto es quizás poco mérito: la belleza es obra de la casualidad, un feliz efecto del azar genético. La juventud nos es dada a todos por igual).  El ingenio de Helena fue que supo hacer de su hermosura  una exhortación a seguir mirándola. Invitaba a buscar el talento debajo de la superficie. Cuando no pasaba de los veintidós o veintitrés años, a fines de la década del 80,   ya había cubierto un buen centimetraje de prensa. Era graciosa, audaz, simpática. Podía ser encantadora, cruel o insidiosa al mismo tiempo. Jamás  perdía la calidad de "it girl", como una nueva Clara Bow. Es...