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Entradas

La novia del guerrero (15)

No le gustaba estar encerrada en el departamento y sin embargo llevaba dos días sin salir. Liliana tenía la cara hinchada y sabía que exponerse al aire frío o al sol, solamente podían aumentar la inflamación. De todas maneras, algo bueno había resultado de esta última crisis de la rosácea: Sibila había enterrado el hacha de guerra y había dejado de hacer preguntas inconvenientes. Sentada delante del televisor, Liliana empezó a pensar en vaguedades hasta que estableció que desde el encuentro con Raquel y Moncho en “El Ruedo”, estaba soportando una muy mala racha de preguntas. La inspectora en la escuela, su hija, la Susy, Cacho e Irina Monti. Pero entre todos los malos momentos que había soportado, la entrevista con Monti era lo que más la había perturbado. Había algo pernicioso en esa mujer, y no llegaba a definirlo. Apagó el televisor y se quedó unos minutos mirando el reflejo de la habitación en la pantalla oscura. Se levantó a buscar una revista y al volver a verse en el cristal d...

La novia del guerrero (14)

El verano siempre resultaba largo y aburrido. Como su padre era empleado de Tribunales, Liliana gozaba del privilegio de tener vacaciones mucho más largas que las de las familias de sus compañeros. Como contracara de este beneficio, su padre, el señor Petrini, gustaba de pasarlas en lugares donde Liliana perdía todo contacto con sus amigos. Mientras la mayoría iba a destinos serranos como Villa Carlos Paz o Río Ceballos, o los más afortunados llegaban a la costa atlántica, en Mar del Plata, los Petrini pasaban todo el mes de enero en Nono. Desde la partida, pocas horas después de haber brindado por un feliz 1974, Liliana había considerado que el viaje estaba maldito. Dos días antes de partir los padres habían iniciado una discusión inusualmente violenta, que se había disparado por la insistencia del padres en viajar por las Altas Cumbres, sabiendo que su mujer prefería el camino, más llano pero más largo, de Cruz del Eje. La conversación saltaba de desacuerdo en desacuerdo, hasta que ...

La novia del guerrero (13)

Cacho tenía buen aspecto. A diferencia de Moncho, no había subido de peso y conservaba todo el pelo en la cabeza. Tanto la ropa como el color bronceado de la piel, coincidían con la imagen que Liliana se hacía de los argentinos que triunfaban en Europa. Después de un minuto de análisis le surgió una duda: —Si vivís en Londres, ¿por qué estás tan tostado? —Antes de que le diera el stroke a mi vieja estaba vacionando en España. —Ah, claro. Liliana no sabía por donde abordar la charla. Le molestaba el aspecto de Cacho. En el fondo le provocaba una profunda insatisfacción comparar sus propios logros con los de su amigo. —…¿y qué tal España en verano? —Vos sabés. ¿No viviste ahí con el padre de tu hija? Liliana trató de no contestar en forma violenta. A pesar de que con Moncho y la Susy se permitía ser desconsiderada, de chica había aprendido que tenía que andar con cuidado con Cacho. —No Cacho. Por si no te acordás, mi exmarido no es el padre de Sibila. Además, él era de allá,y se...

La novia del guerrero (12)

Se habían citado en Olmos y Alvear, pero no habían establecido claramente en cuál de las cuatro esquinas, así que Liliana llevaba quince minutos esperando debajo del cartel con forma de globo terráqueo de "Hemisferio Seguros", cuando vio a César Carlos haciéndole señas desde la otra vereda de Olmos. Liliana esperó que el semáforo cambiara, y cruzó lentamente, para que no se notara que estaba emocionada. Sabía que no era una cita. El Renguito había invitado a todos los amigos, pero Liliana había creído ver en los ojos de él un detenimiento particular en ella, en el momento que les informó que la agrupación de estudiantes secundarios de la que formaba parte daría una charla-debate, y que sería bueno que se acercaran. Liliana sabía que la Susy no iba a ir (seguramente estaría ocupada en la iglesia), Raquel y Cacho tampoco, porque simpatizaban con la Federación Juvenil Comunista; y Tito y Moncho evitaban cualquier asunto que tuviera que ver con la política. Cuando se encontró ...

La novia del guerrero (11)

Irina Monti tenía la cara redonda y el pelo enrulado. Apenas la vio, Liliana recordó la palabra “ croquignole ”, que utilizaba su abuela. La periodista le había abierto la puerta con amabilidad y la había hecho pasar al living, para inmediatamente ir a la cocina porque, según le dijo, estaba buscando el alimento para el gato. Liliana estaba desencantada, ni la poca atención que le había prestado Monti, ni su aspecto, ni el de la casa de barrio San Vicente le auguraban la grandeza que había prometido Raquel. Le llamó la atención que en el ambiente no había libros a la vista; y fue por esa ausencia que interrogó a la mujer en cuanto volvió de la cocina, cargando el alimento y el gato. —Es la primera vez que me lo preguntan; —respondió— supongo que para mi leer es un hecho muy íntimo. Liliana no quedó satisfecha. Empezó a hacer suposiciones como cuando sospechaba conspiraciones de Koster y sus bárbaros. —Monti no quiere que sepa qué lee porque esconde lo que piensa. Monti es una espía...

La novia del guerrero (10)

Liliana caminaba por las veredas de barrio Cofico mascullando la bronca contra sus dos amigas. Más atrás, la Susy marchaba silenciosa con cara de pedir disculpas, y Raquel iba lento a propósito para provocar. Cada tanto le gritaba a Liliana: —Yo no fui la que dijo que estaba segura cual era la dirección. Ni la que se equivocó con el colectivo. Como Liliana se hacía la que no escuchaba, Raquel dejaba pasar unos minutos y volvía a atacar: —A mi no se me ocurrió armar grupo con el Rengo para preparar el trabajo, porque no me gusta el Rengo, ¿eh?. La Susy la miró con expresión de censura, pero Liliana seguía sin inmutarse. Cuando por fin encontraron la casa, habían pasado las siete de la tarde. Antes de que Liliana hiciera alguna de sus habituales advertencias, Raquel volvió a hablar: —...Y ya se que tenemos que irnos temprano porque hoy dan "Rolando Rivas" —En casa no la vemos —acotó la Susy—, mi papá dice que esa novela es... —¿ Uztedez quiénes zon ? Detrás de la puerta...

La novia del guerrero (9)

Se levantó con dolor de cabeza, consecuencia del mal humor con el que se había acostado. Todas las últimas visitas de Sibila habían terminado de la misma manera, Liliana le echaba en cara a su hija  alguna falta. De comprensión, de paciencia o de inteligencia. Sibila le contestaba que seguramente de alguien la habría heredado. Liliana contraatacaba diciendo que seguramente no de ella, que lo habría heredado de otro, entonces Sibila desembarcaba con la provocación: —Puede ser que de mi padre, pero como vos nunca me dijiste quién es, se me hace difícil saberlo. Inmediatamente Liliana se enfurecía y le indicaba de manera destemplada a Sibila que se fuera. La escena terminaba con Liliana metiéndose un valium antes de irse a la cama. Como el médico le había indicado que no mezclara ansiolíticos con antiinflamatorios, no se animó con el ibuprofeno; así que, sabiendo que era muy probable que no le hiciera ningún efecto, tomó paracetamol. Esperó cuarenta y cinco minutos mirando un canal...